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Cruzando el Estrecho Dos horas y media de travesía con el día perfecto, soleado, tranquilo.
Bueno, dijimos, hay tiempo para desayunar, así que nos tomamos unos cafés y tés con bollitos.
No tenía nada que envidiar a la de Fes.
(Habrá una.D.?).Sara le pidió a su padre el coche con la intención de tomarnos la última copa para celebrar el regreso.El bueno de Ole es que es como un crío, tienes que estar siempre encima de él, no sé qué voy a hacer con este muchacho!Por la mañana, tras recolocarnos como pudimos las vértebras, ya que habíamos dormido dentro de los sacos totalmente vestidos (hacía frío buscamos el agua chaud (calentita, en francés) prometida en vano, había agua, sí, pero pas de chaud.Decidimos más o menos por acuerdo común, dormir en la casa que Mulay nos ofrecía, negociando el precio total de la casa más las propis a los tres guías (principal o guía jefe más los dos auxiliares) y al guardacoches por un total de 250.Menos mal que, para estos menesteres, supongo, acompañaban a Mulay dos bereberes, uno de ellos con pinta de muy mayor (a partir de ahora y según acertado bautismo de Ole, el cherpa con turbante, descalzo, ágil como un mono, que nos echaba una manita.Los pudimos dejar por fin, aquel convoy militar disperso, en un pueblo y seguimos hasta Azrou, con un hermoso panorama de montañas detrás, llenas de árboles.Y se produjo el milagro.Pero al salir de la Montaña dimos directamente con una barriada costrosa, y un mercadillo no menos costroso, en un solar entre escombros.N.B.: Aunque la veamos escrita como Fez es por la escritura francesa.A pocos kilómetros paramos en un área de servicio para comer, con un viento frío tal, que el arroz con salchichas que preparamos se nos helaba antes de llevarlo a la boca, tapados hasta los ojos, refugiados tras la furgo, se nos volaba todoComimos rápido.



En la estación de autobuses del puerto nos enteramos que salía uno para Madrid en una hora escasa.
En las oficinas del puerto observé una situación y aprendí una estrategia que después, en Tánger, nos salvaría de un apuro.
Medio escondido tras la furgo, tiré una de los coches y la cola de los pasaportes creyendo que nadie me veía, craso error!: un chivato espontáneo de entre los ociosos que pululaban por allí me vió y se lo dijo a un gendarme, al que.Nos sentamos a charlar en el salón ganar dinero con encuestas en bolivia y, entre otras cosas, me fue recordando episodios de mi azarosa infancia con aquellos bestias del colegio.Una voz de mujer extranjera (alguna chica de servicio, pensé) al preguntar por Manolo contestó, Manolo?, está en la China La hemos cagao, penséO no ha vuelto de viaje, o perdió el ferry, o se quedó a dormir en Ceuta.Fuese quien fuese consiguió callarnos como muertos. .En el banco, sorpresa!, horario de apertura.30.30, y.30 a no me acuerdo cuando.Desde el cercano mirador en la plaza de los cañones, se veían las luces de España.Estuvimos hablando un rato, con nuestro cachondeo de siempre, cuando nos asustó un tremendo trompazo sobre las tablas del techo, que nos dejó helados del susto y con tierrecilla en el pelo, del que cayó de arriba.Se movió por Nueva York entre todos los protagonistas de la contracultura: la Generación Perdida, la Generación Beat y otras degeneraciones más, dándose a todas las que pudo.Pero por la noche se desató un tormentón de lluvia, viento y rayos, que nos intranquilizó un tanto.




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